viernes, 16 de octubre de 2026

SEMANA DEL DOMUND: ¡UN ALMUERZO COMPARTIDO, UN GRAN GESTO DE AMOR!

Durante la semana del DOMUND, en nuestra aula de 4 años hemos vivido una experiencia muy especial que nos ha ayudado a descubrir el verdadero valor de compartir, ayudar y pensar en los demás.

Todo comenzó el martes, cuando algunos niños y niñas se preocuparon porque no tenían su almuerzo y se preguntaban si podrían comer algo. Aprovechamos este momento para conversar sobre otros niños y niñas del mundo que, por diferentes circunstancias, no siempre tienen alimentos en su mesa. Recordamos entonces que nosotros también habíamos puesto nuestro granito de arena colaborando con la compra de nuestro almuerzo para ayudar a quienes más lo necesitan. 

Pero, entre tanta conversación, surgió una gran pregunta que despertó nuestra curiosidad:

 ¿QUIÉN HABÍA PREPARADO NUESTROS ALMUERZOS?

¡Comenzó nuestra pequeña investigación por el cole!

Primero pensamos que había sido Idoya, nuestra querida cocinera, pero… ¡sorpresa, no había sido ella! 

 Después pensamos en Marga, que nos cuida con tanto cariño, pero tampoco era la responsable.

 Y ¿quizá la profe? ¡Pues tampoco! En clase no había ni comida, ni pan, ni fruta para preparar aquellos deliciosos almuerzos.

Así que decidimos seguir investigando y descubrimos a Sara, Raquel y Damarís, que estaban trabajando con mucha ilusión para que todos los niños y niñas del colegio pudieran disfrutar de su almuerzo durante la semana del DOMUND.

¡Qué alegría descubrir que detrás de algo tan cotidiano había tantas personas colaborando de manera generosa y desinteresada!

 

Esta experiencia nos ha permitido aprender algo muy importante: ayudar a los demás no siempre significa hacer grandes cosas. A veces, los gestos más sencillos, compartir nuestro tiempo, colaborar con ilusión o pensar en quien lo necesita, pueden convertirse en algo verdaderamente maravilloso.

Desde nuestra aula queremos dar las gracias de todo corazón a Sara, Raquel y Damarís, por su generosidad, su tiempo y su dedicación. Gracias por enseñarnos, también con vuestro ejemplo, que cuando trabajamos juntos podemos hacer mucho bien.

Y, por supuesto…

 ¡GRACIAS, EQUIPO GAS! 

¡Todo estaba delicioso!  Pero lo más bonito de todo ha sido descubrir que, cuando compartimos, no solo alimentamos nuestro cuerpo, sino también nuestro corazón.

En nuestra clase de 4 años seguimos aprendiendo que compartir es mucho más que dar: es mirar a los demás con cariño, ponerse en su lugar y descubrir que, entre todos, podemos construir un mundo un poquito mejor.

¡Porque los pequeños gestos, cuando nacen del corazón, pueden hacer cosas enormes!

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