
Hoy todo está en silencio y en calma. La madre de Jesús,
la Virgen María, y sus amigos, los discípulos, estaban muy tristes, pero fueron
valientes y mantuvieron la esperanza.
Por eso, el Sábado Santo es un día para esperar…
porque algo muy bonito está a punto de pasar.
Nosotros también podemos vivir este día guardando un momento de silencio, aprendiendo a ser valientes cuando estamos tristes y recordando que siempre hay esperanza. Podemos encender una velita (con ayuda de un adulto) y hacer un dibujo de una luz en la oscuridad, para recordar que después de la tristeza, siempre llega algo bueno.
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